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15.1.18

6 Consejos para que los niños disfruten del frío




Las bajas temperaturas frenan la eficacia de las defensas del aparato respiratorio y los gérmenes atacan con más facilidad al organismo.

Parece que, por fin, las bajas temperaturas llegaron en estos días, tras un verano que ha vaciado nuestros embalses y ha favorecido que se quemen muchos campos. A pesar, del anhelo de muchos por la llegada del frío y la lluvia, muchos padres suelen temer su llegada por los efectos que este pueda tener en sus retoños. Mucosidad, tos, infecciones respiratorias, gripe o asma reaparecen en invierno. Comienza así la batalla para proteger a los niños de los que parecen ser males invernales.

“Pero, las bajas temperaturas no son la causa originaria de las enfermedades respiratorias, sino la llegada de ciertas epidemias, como la gripe, que por lo general hacen su aparición en otoño e invierno”, explica Iván Carabaño, jefe de Servicio de pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos-Hospital general de Villalba. 

La causa más directa de que los niños padezcan más enfermedades, sobre todo de tipo respiratorio, en invierno es que “el frío dificulta los movimientos de los cilios, que son una especie de pelitos muy finos que recubren por dentro el aparato respiratorio, cuya función es atrapar los gérmenes y expulsarlos, pero que con las bajas temperaturas permanecen agarrotados, por lo que no cumplen su función con eficacia”, aclara el pediatra.

El frío puede resultar un desencadenante de enfermedades infecciosas, sobre todo respiratorias como la bronquitis. “Las bajas temperaturas también pueden provocar crisis de asma y enfermedades cutáneas, como la dermatitis atópica”, explica María Rosa Albañil Ballesteros, pediatra y miembro de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

El frío no es el enemigo de las defensas de los niños es tan solo una situación climatológica que se caracteriza por las bajas temperaturas. Por regla general, los niños son menos vulnerables al frío que los adultos. Tienden a ser más activos; corren más, saltan y eso les facilita el entrar en calor. Pero los recién nacidos menores de un mes son una excepción, ya que regulan peor su temperatura corporal y si no los abrigamos suficientemente, pueden sufrir un cuadro de hipotermia.

Sin embargo, los pequeños pueden disfrutar del invierno con unas sencillas pautas para evitar que enfermen, entre ellas:
  1. 1.- Salir a la calle, aunque haga frío
  2. En países nórdicos, como Suecia o Finlandia, donde el frío es la tónica general todo el año, se acostumbra a los niños, incluidos a los de corta edad, a salir a la calle todos los días, aunque la climatología sea adversa. No hay inconveniente en exponerse al frío, ya que de esta manera se mejora la adaptabilidad del niño a las bajas temperaturas.
  3. 2.- Abrigar las zonas del cuerpo más vulnerables al frío. 
  4. Manos, pies y oídos, son partes del cuerpo más vulnerables al frío. Cubrir estas zonas con guantes, calzado adecuado y gorro es la forma de evitar la aparición de sabañones (lesiones en la piel) u otitis.
  5. 3.- Varias capas de ropa para aislar mejor el cuerpo del frío. 
  6. Un niño puede salir a la calle aunque haga mucho frío o nieve si está bien protegido frente a la humedad y las bajas temperaturas. Lo ideal es el truco de varias capas de ropa, aunque sean finas. De esta manera, se crea una cámara aislante de aire entre una prenda y otra.
  7. 4.- Dormir con la ropa adecuada según la temperatura del dormitorio. 
  8. El pijama del niño/a debe ser acorde a la temperatura ambiental del dormitorio. Si se carece de climatización, la prenda de dormir puede ser gruesa. En caso de que la habitación esté bien caldeada es suficiente con un pijama liviano. Con los bebés menores de un año, es recomendable que la temperatura de la habitación no supere los 24 grados para prevenir la denominada muerte súbita de los lactantes.
  9. 5.- Alimentación equilibrada para tener las defensas en forma. 
  10. Los productos milagro para potenciar la efectividad de las defensas no existen. Pero una alimentación variada y equilibrada que contenga todos los nutrientes que el niño precisa para su correcto desarrollo favorece un sistema inmunológico en forma y eficaz.... Vitaminas!!
  11. 6.- Vacunas al día para evitar enfermedades infecciosas. 
  12. El calendario de vacunación del niño actualizado es un escudo protector contra enfermedades infecciosas, como el sarampión o la varicela.... No olvidemos la gripe.
Así como disfrutamos de el verano, de la temporada de lluvia, no tenemos que apartar a nuestros hijos de el invierno, con los cuidados adecuados seguramente pueden disfrutar también de esta temporada de frío.


Autor: Carolina Piñedo / De mamas & papas  / 19 Oct 2017

16.11.13

Mi hijo le tiene mucho miedo al doctor: causas y soluciones



Es difícil encontrar niños que no tengan miedo a nada. Los temores son habituales y muchos de ellos, aunque cada niño es diferente, son generales. Uno de ellos es el miedo a los médicos, agujas y hospitales. Por suerte, suele disminuir con la edad y puede ser controlado con la ayuda de los padres, médicos y personal sanitario.
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La sensación de inseguridad ante una situación desconocida, el contacto con personas extrañas que invaden su espacio vital y unos procedimientos que en algunos casos son dolorosos y que en otros incluso requieren que se separe de su madre (hospitalizaciones, radiografías, etc.) son los ingredientes de un cóctel que, mezclado con su gran imaginación, contribuye a que el niño perciba el ámbito médico como una amenaza a su bienestar. El miedo a los médicos y hospitales es evolutivamente comprensible y frecuente en los niños de corta edad, sobre todo alrededor de los 5-6 años, pero de él no están exentos ni adolescentes ni muchos adultos.

El origen del miedo


Hay varios motivos que pueden explicar el miedo: la ansiedad de la separación y la ansiedad frente a los desconocidos son temores normales que denotan un vínculo saludable con la madre o cuidador primario y que influyen claramente en las situaciones médicas. Pero a estos temores propios de la edad, se suele añadir también una información insuficiente o imprecisa. El niño tiene una percepción limitada del mundo y todo lo que no entiende o desconoce puede ser una fuente de desconfianza. 

En otras ocasiones, ha podido mediar alguna experiencia traumática, como un accidente, una mala práctica médica o un estado de salud delicado con un historial doloroso. Incluso un miedo adquirido de otras personas. Los niños captan fácilmente los temores de sus padres, y no los ayuda en absoluto ver cómo los adultos en los que confían recelan de las decisiones médicas y flaquean, sufren y dudan ante el llanto infantil. 

El propio miedo de los padres atemoriza a los niños. Otras veces, los adultos gastan bromas entorno al mundo médico-hospitalario o utilizan “amenazas” para que sus hijos se comporten como ellos desean: “si no comes, le digo al doctor que te ponga una inyección”. Pero realmente es un recurso educativo inadecuado, ya que, aunque funciona al momento, porque el niño trata de evitar a toda costa la situación que le asusta, a la larga le puede provocar miedos gratuitos o infundados. 

Su imaginación desbordante también le juega malas pasadas, y hechos sin importancia pueden adquirir proporciones exageradas en su pensamiento y provocarle una gran angustia. Del mismo modo, hay que tener en cuenta las situaciones emocionales especiales, como los desajustes familiares (discusiones o separación de los padres, viaje prolongado de uno de ellos, nacimiento de un hermano, muerte de un familiar, etc.).

Cómo prepararle


Muchos padres, con su mejor intención, con tal de ahorrarle un berrinche, llevan al niño al médico “engañado”. Puede que esté ajeno a la situación hasta el momento de entrar en la consulta, pero esta forma de actuar no le ayuda a vencer su miedo, solamente le confunde, hace que se sienta traicionado, le provoca desconfianza hacia el adulto y puede crearle ansiedad cuando, en el futuro, vaya a otros lugares. Es conveniente que se le explique el motivo de la consulta (revisiones, pruebas médicas u hospitalizaciones), el procedimiento que se seguirá, quién lo llevará a cabo, qué instrumental utilizará, si va a ser doloroso o incómodo y si va a necesitar un tiempo de convalecencia. Proporcionarle información permitirá que el niño se prepare, incluso se pueden conseguir actitudes cooperativas, como, por ejemplo, sujetar el instrumental.

Dentistas, inyecciones…


La visita al dentista, las inyecciones, un análisis de sangre… Aunque la preparación y la información con cierto tiempo es necesaria siempre, en estos casos, el niño no necesita saberlo una semana antes para que la aprensión no le bloquee; un día de antelación será suficiente para que se mentalice. Es importante hacerle ver también la utilidad de la prueba y que la decisión de realizarla no está en sus manos. Para que el niño tenga alguna sensación de control se le pueden ofrecer pequeñas opciones, como elegir el brazo en el que quiere ser pinchado o por quién quiere ser acompañado. 

Algunos médicos consideran que el niño se muestra más colaborador si sus progenitores no están presentes, pero los niños necesitan estar con los padres durante las experiencias nuevas y en los momentos de estrés. Precisamente las prácticas dentales y las agujas asustan porque suelen ser experiencias nuevas o poco frecuentes y normalmente implican dolor y/o malestar físico. Hay que procurar a toda costa permanecer a su lado, pero a cambio tendremos que estar seguros de que mantendremos la calma.

Hospitalizaciones y cirugías


Cuando se trata de una urgencia, lo más probable es que los propios padres desconozcan los procedimientos que se le van a aplicar, y en estas condiciones, el niño, que no entiende la situación, seguramente se niegue a colaborar y haya incluso que utilizar la fuerza (no la violencia) para poderle realizar las pruebas. Ante este panorama se le explicará cuanto sea posible lo que ocurre, se permanecerá a su lado todo el tiempo que esté permitido y se acariciará y abrazará al niño lo más posible, sobre todo en los momentos de dolor físico, para darle seguridad. 

El paciente adecuadamente preparado está menos angustiado, tiene menos dolores y su recuperación es más rápida. En cualquier caso, hay que transmitir al niño la idea de que la hospitalización o la cirugía es necesaria para curarse o arreglar su problema, que no es un castigo y que su cuerpo no sufrirá ninguna desfiguración o lesión, evitando en lo posible un lenguaje intimidante (rajar,coser). Asimismo se le pueden mencionar las ventajas de los calmantes y de la anestesia para combatir el dolor, pero que una vez finalizada la operación se despertará. Tampoco está de más llevarle algún juguete u objeto habitual en su vida diaria (peluche, mantita, libro, etc.) para que tenga la sensación de tener “un trocito de su casa”.

El médico también influye


El modo en que el médico trata al niño también es decisivo. Cuando el niño acude a una consulta, generalmente lo hace con cierto grado de ansiedad y los síntomas somáticos y psicológicos se entremezclan. Pero si el pediatra, estomatólogo, radiólogo… adecua su ritmo del trabajo a la disponibilidad del niño, tiene para él palabras tranquilizadoras, seguramente conseguirá que la tensión inicial se apacigüe y que el niño incluso se muestre colaborador. La relación humana médico-niño-padres es fundamental para prevenir el miedo del niño y hacer un diagnóstico adecuado.

Información a su medida


Lógicamente, la información ha de ser adecuada a la edad y al nivel madurativo del niño. * Entre los 2 y 3 años, una explicación sencilla de lo que va a ocurrir y por qué, no con demasiada antelación, es suficiente. Y si se pueden evitar expresiones como “no tengas miedo” y “no te va a doler”, mejor. Estas palabras le confirman que sin duda hay algo que temer. * A partir de los 3 años, ya se le pueden dar más detalles. Viene bien utilizar cuentos, láminas y juegos de simulación para que se vaya haciendo a la idea. La antelación para comunicárselo depende de si es una revisión rutinaria o una hospitalización. En el caso de una cirugía, una semana es suficiente para que los niños de 4 años o mayores planteen sus dudas. * A partir de los 7 años y hasta la adolescencia, les harán falta como mínimo 2 ó 3 semanas.

Estrategias para superar el miedo


Previo aviso. Decirle la verdad con antelación, utilizando un lenguaje comprensible y tranquilizador para él. Si no tenemos información suficiente (amígdalas, hernias, fimosis…), hay que pedírsela al médico para que podamos transmitírsela al niño y aclarar todas sus dudas. Mostrar comprensión. Mantener una actitud de escucha y tomarse el tiempo necesario para que el niño hable de sus temores, podamos tranquilizarlo y corregir sus ideas erróneas, evitando regañarlo, ridiculizarlo o hacer bromas sobre ello. En su justa medida. 

Tratar de comprenderle pero sin reaccionar de forma exagerada. El niño puede ver en ello más atención y concesiones de las normales y reforzar accidentalmente los temores. Abordar los miedos conjuntamente. Permanecer en lo posible a su lado y coger su mano le dará seguridad y confianza. En separaciones inevitables (radiografías, cirugías, etc.), el niño ha de saber que estaremos muy cerca y que nos reuniremos con él en cuanto sea posible. Mantenerse tranquilos. Si estamos calmados y no interferimos en el quehacer del médico, seremos más útiles. Si no es así, es mejor buscar a una persona cercana al niño en la que él pueda apoyarse emocionalmente. 

Practicar técnicas útiles. Ensayar en casa formas de mantener el control, como respirar profundamente, relajarse pensando en cosas placenteras, contar, mantener charlas optimistas, dibujar o llevar a cabo juegos simulados, le proporcionarán al niño estrategias que le ayudarán a reducir sus miedos. Elogiar sus progresos. Hay que celebrar con él su comportamiento positivo durante la temida experiencia. Para la próxima vez, le ayudará recordar cuáles han sido las estrategias que le han ayudado a estar más tranquilo. Liberar sentimientos. 

Es necesario permitirle descargar sus emociones. Cada uno puede reaccionar de forma diferente (llanto, enfado. El niño ha vivido algo que le ha asustado, le ha causado dolor, le ha restringido su movilidad… y necesita desahogarse para superarlo.
Virginia González. Psicóloga

19.2.13

12 preguntas del Rotavirus en los niños



"Si su hijo pequeño está al mismo tiempo con diarrea, fiebre y vómitos, ponga mucha atención porque puede estar con rotavirus, y es muy importante saber ciertas cosa"

Le preguntaremos 12 dudas principales a un medico pediatra….

1.- Doctor, ¿el rotavirus es una enfermedad exclusiva de los niños o también puede darse en los adultos?
El rotavirus es más propio de los niños menores, aunque puede darse en las personas mayores. El peligro del rotavirus es la primoinfección y esto ocurre con mayor frecuencia en las edades desde los 6 meses hasta los 24 meses. Mas que el daño del virus es la consecuencia que crea en niños de alto riesgo, representado por los menores de dos años, en que a la nula poca ingesta de liquido a raíz de los vómitos, perdida de líquidos a través de la piel por la presencia de fiebre y la pérdida importante de líquidos y nutriente por las deposiciones aumentadas en frecuencia y en intensidad

2.- ¿Es una enfermedad grave? ¿Cuál es el principal riesgo que se corre?
En el grupo etario del niño menor es una enfermedad potencialmente grave a través de la deshidratación con riesgo incluso de muerte y en el largo plazo el compromiso nutritivo. Riesgo: Deshidratación y pérdida de peso.

3.- Testimonio. Está junto a nosotros Silvana Alcaíno, mamá de Joaquín (8 meses) quien viene saliendo de un rotavirus. 
- Silvana, ¿qué fue lo primero que le llamó la atención de su hijo para necesitar acudir al médico?
- ¿Cuáles fueron los malestares o síntomas que él tenía?
- ¿Esta era su primera enfermedad?
- ¿Cómo logró mejorarse?
- ¿Qué nuevos cuidados o hábitos tiene ahora con el niño?
 

4.- Está claro que el principal síntoma del rotavirus es la diarrea, pero ¿qué otros síntomas tiene un niño que sufre de rotavirus?
Síntomas
- Deposiciones líquidas
- Vómitos durante 3 a 5 días
- Fiebre
Todo comienza con un simple estado de resfrío, incluso puede tener algo de fiebre pero no elevada, posteriormente un episodio de domitos que puede prolongarse algunos días y posteriormente las deposiciones liquidas frecuentes, ácidas, irritativas...Junto a eso los síntomas propios del compromiso del estado general como decaimiento, inapetencia, menor cantidad de orina, irritabilidad entre los más importantes

5.- ¿Cómo debe ser la alimentación de este niño? ¿Y qué NO DEBE comer?
- ¿La deshidratación viene de la mano con esta infección?
El paso más importante de todo intento de tratamiento es dar toda la importancia a los aspectos la hidratación y luego de un periodo a lo menos de dos horas sin vómitos se puede intentar dar alimentación, midiendo estrictamente la tolerancia y la aceptabilidad. El alimento que se puede intentar es con una leche pero en volúmenes pequeños, y de consistencia más diluida. Si la tolera bien, poco a poco, se irá aumentando el volumen.
En cuanto a los dolidos; se debe preferir los cereales tipo el arroz, los fideos, la maicena pudiendo agregarse carnes blancas o rojas y los postres dar preferencia a las frutas tipo plátano o manzana.

6.- ¿Y cómo podemos saber que un niño con rotavirus está deshidratado?
Indicadores de deshidratación:
- Pérdida de brillo en los ojos
- Ausencia de orina por más de 6 horas
- Ausencia de lágrimas
- Sequedad en la lengua
- Piel con pliegues muy laxos
- Excesiva tranquilidad

7.- Respecto al tratamiento, ¿existe algún remedio para combatir la enfermedad? ¿Cuántos días dura el tratamiento? 

No existe medicamento específico, recordemos que es un virus. Solo remitirse al tratamiento sintomático y será el propio organismo a través de sus mecanismos de defensas quien eliminara finalmente el virus. El cuadro mismo puede llevar más o menos una semana de alteración de las deposiciones.

8.- ¿Qué pasa si el niño no acepta el suero?
- ¿Sirven en este caso los antidiarreicos o antiespasmódicos?
- El aceptar o no el suero puede indicar la sed mayor o menor de un niño, generalmente cuando están camino a la deshidratación toman lo que se les ofrezca, en caso contrario ofrecer los líquidos que más le agraden al niño.
- No existe ningún antidiarreico para este tipo de trastorno y los antiespasmódico están contraindicados. Producen dilatación intestinal, sequedad de la boca, irritabilidad etc...No debe indicarse.

9.- Cuando un niño que va a la sala cuna se enferma de rotavirus debe retirarse y hacer el tratamiento en su casa. Pero ¿cuántos días después puede retomar su vida normal y volver a la sala cuna?
Recién al cabo de diez días un menor ya no elimina virus por lo tanto podría reincorporarse. Esta enfermedad es muy contagiosa. Tiene un periodo de incubación de uno a tres días y es más peligrosa en los niños menores.

10.- ¿Cuáles son las posibilidades de contagio de rotavirus?

Alta, a través de las deposiciones, a través de las personas que contagia sus manos con los pañales o deposiciones de otros niños Alto riesgo en salas cunas y jardines infantiles.

11.- ¿Puede un niño tener varias veces esta enfermedad?
Las nuevas infecciones tacan con menor intensidad, es muy frecuente que un menor se contagie dos o tres veces en los dos primeros años. Son varios los virus pertenecientes a la misma familia. No tiene vacuna por el momento pero de aquí a dos años es probable novedades al respecto.

12.- ¿Cómo podemos prevenir que nuestros hijos lleguen a sufrir esta infección? ¿Basta con tener mucho cuidado con las medidas de higiene?
Esto siempre es por contagio de manos contaminadas o con elementos que han estado en contacto con virus donde permanecen muchas horas en forma latente. Es muy sensible al cloro luego un buen aseo lo elimina, Salas cunas y jardines a través de menores que usan pañales y persona que los cambian se produce el cruzamiento de contagio.

Dr. Pedro Barreda / Pediatra

25.1.13

Porque los niños necesitan ir a jugar al parque


 

Pasar un ratito en el parque todos los días reporta múltiples beneficios a tu pequeño. Y además, luego está mucho más tranquilo y se porta mejor. ¡Además paraqué te quedas en tu casa!

Ahora que hace tan buen tiempo, procura llevar a tu hijo al parque todos los días. Esta experiencia será estupenda para los dos: a ti te servirá para conocerle aún mejor y para cambiar impresiones con otras madres y a él le reportará infinidad de ventajas. Veamos por qué.

BUENO PARA SU SALUD
Al ir de un lado a otro, subirse y bajarse de los columpios, llenar y vaciar su cubo de arena, etc., tu pequeño realizará mucho ejercicio físico y gracias a él mejorará la densidad de su masa ósea y los músculos se le fortalecerán.

Por otro lado, al montar en determinados columpios, como las sillitas y los balancines, entrenará su equilibrio y mejorará su desarrollo psicomotriz.
A todo ello se une que la luz del sol ayuda a fabricar vitamina D, que es la que fija el calcio de los alimentos a los huesos, por lo que vuestras salidas al parque... ¡le harán crecer!

Y por añadidura, cuando volváis a casa notarás que tu hijo come y duerme mejor. Es porque la actividad física le ayuda a descargar tensión, lo que a su vez estimula su apetito y favorece su descanso.

Y PARA SU SOCIALIZACIÓN
Dada su corta edad, es normal que tu hijo aún no juegue con otros niños. Pero aun así, sentirse acompañado por ellos y observar cómo se comportan es fundamental para que vaya socializándose.

Con la aparición de la autoconsciencia, entre los 15 y los 18 meses, el deseo de interactuar aumenta y poco a poco aparece el juego en paralelo, que se caracteriza por que los niños siguen sin jugar juntos, pero lo hacen uno muy cerca del otro y se imitan en sus actividades.

De levantar montoncitos de arena iguales que los que hace el compañero a añadir algún puñado en el montón de éste hay un pequeño paso que puede ser el comienzo de una buena amistad.

Para potenciarla, procura ir al parque siempre a las mismas horas. Los niños se percatan enseguida de quiénes son los visitantes más habituales y si coincidís siempre con los mismos, le resultará mucho más fácil entablar una relación con ellos.

Aunque a veces te dé pereza llevar a tu hijo al parque, piensa que las experiencias que vive allí aumentan sus conocimientos y contribuyen al desarrollo de su cuerpo y su cerebro. Como ves, el esfuerzo merece la pena.

Esther García, pedagoga y psicóloga

23.1.13

La depresión en niños y adolescentes: Cómo detectarla pronto y cuándo pedir ayuda


  

Cómo es de frecuente la depresión en niños y adolescentes
La depresión es una enfermedad psiquiátrica bastante frecuente y seria en niños y adolescentes. Se trata de una enfermedad clasificada dentro de los llamados trastornos del humor, y está descrita desde hace siglos en distintas culturas.

Hasta los años 1980 los médicos creían que los niños no podían tener depresión, al “carecer de la madurez suficiente para sentir depresión”. Sin embargo, distintas investigaciones recientes nos muestran que sí la padecen, con síntomas a veces parecidos a los de los adultos, y también con otros síntomas específicos y diferentes según la edad.

Cuando la depresión se reconoce pronto y se trata adecuadamente, generalmente responde muy bien al tratamiento. Sin embargo, cuantos más episodios se hayan tenido, mayor es el riesgo de tener otro episodio, por lo que el tratamiento a veces es prolongado. El mejor tratamiento es una combinación de medicación y psicoterapia (individual, de apoyo y de familia).

Cuál es la frecuencia de la depresión en niños y adolescentes
Aproximadamente un 5%, o uno de cada 20 niños y adolescentes, tendrá un episodio depresivo antes de cumplir los 19 años. La realidad es que menos de la mitad de éstos niños reciben un tratamiento adecuado, lo que explica que la depresión sea hoy en día la primera causa de baja laboral en adultos en Estados Unidos, y el suicidio la tercera causa de muerte en jóvenes entre 15 y 24 años, y la sexta en niños entre 5 y 14 años de edad.
El suicidio produce a nivel mundial más muertes que las guerras, y más muertes que otras enfermedades como el SIDA o la enfermedad isquémica cadiaca.  La depresión es la principal causa de suicidio en todas las edades. En Estados Unidos 30.000 personas se suicidan cada año, y medio millón hacen un intento serio que necesita ser atendido en un servicio de urgencias, aunque la mayoría de los suicidios se pueden prevenir. Estudios mundiales indican que entre el 1 al 4% de los adultos, y entre el 2 al 10% de los jóvenes han intentado matarse, y muchos dicen que lo han intentado varias veces. Los estudios nos muestran que los padres suelen subestimar seriamente la intensidad de la depresión de sus hijos.

Cuales son las causas de la depresión
  1. No se conoce la causa de la depresión, aunque sí sabemos que tiene un fuerte origen biológico.
  2. Los genes que heredamos de nuestros padres y que son influenciados por las experiencias que tenemos en nuestra vida, pueden predisponernos a padecer depresión. Pero ésta predisposición o vulnerabilidad hacia la depresión generalmene suele ser “destapada” o activada por los acontecimientos vitales que nos suceden. Los niños que sufren un fuerte stress, o que tienen una pérdida significativa en la familia; o niños con problemas de atención, del aprendizaje, de la conducta o de ansiedad tienen más riesgo de sufrir depresión.
  3. Otros problemas como abuso de sustancias (alcohol, marihuana, etc…) con frecuencia acompañan o preceden a la depresión. También una historia de depresión en familiares cercanos (aunque haya sido hace tiempo, o el familiar no conviva con el niño) es un riesgo genético para que el niño sufra depresión.
  4. La frecuencia de la depresión es igual en los niños y las niñas antes de la pubertad, pero a partir de la pubertad, las chicas tienen más riesgo de sufrir depresión, como pasa con los adultos, donde la depresión es más frecuente en mujeres que en varones.
Qué tipos de trastornos del humor hay
Hay varios tipos de trastornos del humor que pueden afectar a los jóvenes, como la depresión mayor, la distimia (un estado de depresión ligera pero de larga duración), y la llamada enfermedad maniaco-depresiva (o bipolar).
Los niños con enfermedad maniaco-depresiva sufren episodios de irritabilidad extrema o euforia, disminución de la necesidad de dormir, energía alta, sensación de que ellos saben más que sus padres o profesores (los padres dicen que le ven muy retador y desafiente, sin responder a los castigos), interés elevado por la sexualidad (en el lenguaje o el comportamiento), hablan muy rápido e interrumpen a todos (a veces no se entiende de lo que hablan, pues saltan de un tema a otro), comportamiento hiperactivo. Pueden también tener síntomas paranoides.
Estos niños necesitan un tratamiento especializado y pueden recuperarse si lo reciben, pero frecuentemente pasan muchos meses o años hasta que ven a un especialista. A veces la enfermedad maniaco-depresiva se confunde con la esquizofrenia, con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, con el trastorno oposicional desafiante o con el trastorno de la conducta.   

Qué síntomas tiene la depresión en niños y adolescentes
  • El comportamiento y los síntomas de los niños y adolescentes con depresión puede ser distinto al de los adultos con depresión, por lo que frecuentemente no es detectado por sus padres, sus profesores o su médico. Un niño que solía jugar con sus amigos y ahora pasa tiempo solo sin hacer nada de lo que antes le divertía puede tener depresión. Las cosas que antes le interesaban o divertían ahore le parecen aburridas o “no le llenan”.
  • A veces los niños con depresión pueden hablar de la muerte, o decir que les gustaría morirse, otras veces dicen que si les pasara algo no les importaría mucho. Adolescentes con depresión puede que abusen del alcohol u otras drogas, o causar problemas en casa o en el colegio. Como el niño no parece triste, los padres y profesores pueden no darse cuenta que éste comportamiento irritable, desobediente y conflictivo puede ser un signo de depresión, pero si se les pregunta, éstos niños frecuentemente dicen que se sientes tristes, desesperanzados, desilusionados, aburridos, cansados, y sin ganas de nada.
  • Si su hijo tiene uno o más de los siguientes signos de depresión, los padres deben buscar ayuda viendo al médico (pediatra o psiquiatría infantil y del adolescente) lo antes posible, porque se trata de una enfermedad tratable, y que si se intenta ignorar puede tener consecuencias muy serias.
  • Irritabilidad elevada, ira, u hostilidad extrema que dificulta la convivencia en casa o hace que los padres tengan que “ceder” para no provocar conflictos
  • Tristeza frecuente o episodios de llanto
  • Sentimientos de desesperanza
  • Disminución de su interés en actividades, o dificultad para divertirse en actividades que previamente eran sus favoritas
  • Aburrimiento persistente
  • Falta de energía o cansancio
  • Aislamiento social o falta de comunicación
  • Autoestima baja o sensación de culpa o responsabilidad por cosas malas que puedan pasar
  • Sensibilidad extrema al rechazo o poca resistencia ante los fallos o errores
  • Quejas frecuentes sobre problemas físicos (como dolores de cabeza, o de estómago, mareos, naúseas…) en los que no se encuentra causa médica
  • Ausencias frecuentes de colegio, o disminución del rendimiento escolar
  • Problemas de concentración
  • Un cambio importante en los hábitos alimentarios o del sueño
  • Conversaciones sobre intención de escaparse de casa
  • Pensamientos o expresiones sobre la muerte o intención de suicidarse activa o pasivamente.
Tratamiento de la depresión en niños y adolescentes
El tratamiento médico de la depresión en jóvenes se hace necesariamente con medicación antidepresiva por un especialista en niños con problemas psiquiátricos.

Los antidepresivos que actualmente han demostrado en estudios científicos ser eficaces en niños y adolescentes con depresión son los llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Los antidepresivos no son drogas, no crean dependencia ni adicción, ni cambian la personalidad del niño. Estas medicinas son necesarias en niños con depresión como la insulina en niños con diabetes, o los inhaladores en niños con asma. Son seguras, y no producen daño al cerebro, ni al higado, ni al riñon, ni otro órgano.

El riesgo de tomar un antidepresivo es muchísimo menor al riesgo de no tratar la depresión (suicidio, abuso de alcohol y drogas, bajo rendimiento escolar, problemas en la relación con los padres, aislamiento social, etc). Los antidepresivos ISRS suelen tardar varias semanas en hacer efecto, y a veces es necesario ajustar la dosis al cabo de 1 mes si no han mejorado todos los síntomas. A veces tienen algún efecto secundario ligero y breve, especialmente al principio del tratamiento, como naúseas, ardor de estómago, o sueño, pero la mayoría de las veces, los niños los toleran sin ningún efecto secundario.

Es importante hablar con el médico si no se ve efecto beneficioso en unas 3 a 6 semanas, o si aparecen efectos secundarios.
Una vez recuperado el niño, cuando hayan desaparecido todos los síntomas, el tratamiento debe seguir tomándose, porque si se interrumpe demasiado pronto pueden volver los síntomas. Generalmente intentamos mantener el tratamiento durante 12 meses desde el final de los síntomas, para luego retirarlo gradualmente. De ésta forma se reduce el riesgo de recurrencia de nuevos episodios, pero como la depresión muchas veces es una enfermedad cróñica, a veces se sufren recaidas en el futuro. Lo importante es detectarlas lo antes posible para que no interfieran mucho con la vida familiar, social, y académica del niño.

También es importante un apoyo con psicoterapia al niño y a la familia, ya que muchas veces los padres se culpan erróneamente de los problemas o dificultades del niño. También el niño se ha acostumbrado a percibir las cosas negativamente, y a asumir automáticamente que las cosas saldrán mal, será culpa suya, o fracasará como siempre. Estas ideas negativas deben ir cambiando con el tratamiento a una visión más realista.

También, a veces, la depresión del niño crea tensiones importantes en la familia y en el matrimonio.  Por todo ello es fundamental que los padres conozcan los síntomas de la depresión en niños, que sepan que no es culpa suya, y que se trata de una enfermedad que tiene un tratamiento muy eficaz, de la que no hay que sentirse avergonzados sino poner los medios para tratarla y que no interfiera con la vida familiar y, especialmente, con el desarrollo del niño.

Clínica Universidad de Navarra

15.1.13

Que debes saber sobre la fiebre en los niños

 

¿Qué le produce a un niño fiebre?
La fiebre es una defensa más del organismo frente a los virus y las bacterias. El cuerpo intenta alcanzar una temperatura superior con la que combatir mejor a los virus y las bacterias. Tener fiebre, por tanto, ayuda a defenderse de la enfermedad.
La parte del cerebro que controla la temperatura corporal no está completamente desarrollada en los niños. Por ello la temperatura en los niños puede elevarse y descender muy rápidamente.
La temperatura ambiental afecta con gran facilidad a la temperatura del cuerpo de un niño. Si hace mucho calor, quite alguna de las ropas del niño para que el calor de su cuerpo pueda liberarse con normalidad. Si hace mucho frío, los padres pueden ayudar al niño a mantenerse caliente abrigándolo un poco.

¿Cuál es la temperatura normal para un niño?
Si toma la temperatura en la boca u oído de su hijo, la temperatura normal se sitúa entre los 36ºC y 37ºC.

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¿Hay diferencias según donde se tome la temperatura?
La temperatura se puede tomar poniendo el termómetro en la boca del niño, en la axila, en el recto, o en el oído con termómetros especiales.
Las investigaciones revelan que los resultados más fiables se consiguen tomando la temperatura en el recto del niño, lo que se conoce como método rectal. Las mediciones tomadas aquí son más exactas, y suelen mostrar un nivel de temperatura 0,5ºC más altas que las que se pueden medir por ejemplo en la axila.
Las temperaturas tomadas en el oído suelen ser también de aproximadamente 0,5ºC por debajo de una medida rectal.

¿Cómo puedo tomar la temperatura de mi hijo mediante el método rectal?
El método clásico, y el más preciso, es la medida rectal. Es el mejor método para niños hasta la edad de tres años. Puede emplear un termómetro digital (preferible) o uno de mercurio. Si emplea uno de mercurio, sacúdalo antes de usarlo para asegurarse de que marca una temperatura inferior a la que se va a medir. De todos modos es recomendable ir abandonando el uso de estos termómetros por el alto riesgo de intoxicación que presentan si llegan a romperse.
Ponga al niño sobre sus rodillas con su abdomen sobre los muslos de usted. Esto le proporcionará un agarre firme y podrá ver lo que está haciendo. Ponga un poco de vaselina en la punta del termómetro e introduzca con sumo cuidado 1 - 1,5 cm (una media pulgada) en el recto del niño. Si es un termómetro de mercurio sosténgalo firmemente durante dos minutos, y no lo suelte. Cuando emplee un termómetro digital, el termómetro emite un pitido cuando está lista la medición.

¿Cómo puedo tomar la temperatura de mi hijo en el oído?
Si quiere adquirir un termómetro especial para el oído, éste es un método muy rápido y le proporcionará una medición de la temperatura en solamente un segundo. Los niños mayores suelen preferir ésta a la medición rectal.
La temperatura tomada en el oído será aproximadamente 0,5ºC más baja que la medida en el recto.
Algunos termómetros para el oído permiten el ajuste necesario para su uso en niños.
Con los niños pequeños en especial, los termómetros para el oído precisan de una mano más precisa para encontrar el sitio adecuado.
Para que la medida de la temperatura sea fiable, el termómetro debe ser empleado como esté indicado. Cuando compre el termómetro, pregunte al vendedor cómo utilizarlo. Lea las instrucciones con atención antes de empezar.
Si el niño ha estado tumbado con la cabeza en una almohada caliente, o acaba de entrar de un exterior frío, puede ser preciso esperar 10 a 15 minutos antes de que el oído proporcione una medición apropiada de la temperatura corporal.

¿Cómo puedo tomar la temperatura de mi hijo en la boca?
Esta modalidad no es recomendable para niños muy pequeños, y menos aún si se toma con termómetro de mercurio, pues pueden morderlo y romperlo, lo que puede ser muy peligroso.
El termómetro se coloca en la boca, bajo la lengua y se precisarán dos a tres minutos para medir la temperatura. Si el niño acaba de comer algo frío o caliente, será necesario esperar 10 minutos antes de que se pueda tomar una temperatura apropiada.
Las temperaturas tomadas en la boca serán 0,5ºC inferiores a las de la medición rectal.

¿Cómo puedo tomar la temperatura de mi hijo en la axila?
Este método no es bueno para niños pequeños, puesto que no estarán quietos el tiempo suficiente. Se arriesga a una medida inapropiada y a herir al niño. Con los niños mayores, se coloca el termómetro en la axila durante 5 minutos al menos.
Las temperaturas tomadas en la axila estarán 0,5ºC por debajo de las tomadas en el recto.

¿Qué hacer cuando mi hijo tiene fiebre?
Un niño con temperatura alta precisa tomar más líquido de lo habitual, pues la fiebre les hará sudar mucho. Asegúrese de que el niño beba mucho líquido, y si es preciso, dele una cucharadita cada pocos minutos. Una vez seguros de que el niño bebe mucho líquido, no importa que coma poco (pero siempre algo) durante un par de días.
Un niño con fiebre también necesita descansar y dormir. No tienen porqué estar en cama todo el día si les apetece jugar, pero deben tener la opción de estar tumbados.
Si el niño tirita mientras sube la temperatura, se le puede cubrir con un edredón o con una manta, pero cuando la temperatura se ha estabilizado y el niño empieza a sudar, necesitará perder calor. En ese momento solamente precisan ropa interior o un pañal y con esto se favorecerá que se desprenda el calor de su cuerpo. Asegúrese de que la habitación este ventilada y bien acondicionada, pero sin corrientes de aire.
Los niños enfermos suelen estar cansados y de mal genio. Duermen mucho, y cuando están despiertos, quieren que sus padres estén cerca todo el tiempo. Pueden gimotear y comportarse como niños de menos edad. Está bien ser flexibles con el niño mientras esté enfermo. Léa, juegue y pase tiempo con él. No es el momento para enseñar al niño a comportarse. Normalmente un niño se recupera rápido y volverá a ser el mismo de antes en poco tiempo.

¿Cuándo la fiebre es grave?
Observe a su hijo y emplee el sentido común. ¿Parece que esté agotado? ¿Parece que esté enfermo? ¿Se comporta de forma distinta? Si la respuesta es afirmativa, acuda al médico. Es difícil saber cuándo una fiebre puede deberse o no a una causa grave. Lo mejor es que sea el pediatra el que determine la conducta a seguir. Por ello:
De cualquier modo hay unos signos y síntomas que deben llamar más nuestra atención si se presentan, por poder relacionarse con enfermedades más serias. Por tanto, si su hijo tiene cualquiera de los siguientes síntomas, es aconsejable acudir sin dilación al médico:
Si su hijo llora y llora, sin poder aliviarle, y si no se despierta con facilidad, acuda al médico.
Si su hijo mantiene una temperatura superior a 38ºC más de un día entero, el niño necesita ser visto por un médico.

Dr. Valentín de Benito Rica - Pediatra

11.1.13

Niños y adolescentes que comen solos en casa


Por razones laborales y sociales, la tendencia a comer solos se ha extendido también a niños y adolescentes. Alrededor de la mitad de los niños de 9 años siempre cena con su familia, mientras que ese porcentaje se reduce a un tercio en los adolescentes de 14 años. ¿De qué modo les afecta a ellos la soledad mientras comen? Los niños que no cenan en familia de manera habitual comen más “chucherías”, más comida rápida y se alimentan de forma más  desequilibrada.

Los niños que no cenan en familia de manera habitual comen más “chucherías”, más comida rápida y de forma más desequilibrada
Además, a diferencia de los adultos, el hecho de que los niños o adolescentes coman solos tiene consecuencias mucho más serias que los déficits nutricionales o la falta de variedad en la dieta. 

En un estudio que realizó la Universidad de Columbia en 2003, se descubrió que los jóvenes que hacen cena en familia cinco veces por semana fuman menos, consumen menos alcohol y menos marihuana, frente a los jóvenes que cenan en familia solo dos veces por semana. También los jóvenes del primer grupo tenían menos problemas de ansiedad, de tedio y de depresiones -e incluso una menor tasa de suicidio-, menos desórdenes alimentarios y sacaban mejores notas.

Desde la perspectiva dietética, el menú del niño o adolescente que come solo es poco variado, poco equilibrado y poco saludable, ya que se basa en alimentos fáciles de consumir, precocinados -fritos u horneados- o alimentos fríos (sándwiches, fiambres, quesos) y bebidas distintas al agua.

En paralelo, se descartan las sopas, las verduras, las frutas y los pescados en la inmensa mayoría de los casos. De esta manera, hay un exceso de azúcares y grasas trans, y una deficiencia en vitaminas, minerales y fibra

Asimismo, se produce una carencia educativa, ya que el niño o el adolescente tiende a comer lo que le gusta y no lo que debería: esto le dificulta abrir el paladar al sabor natural de los alimentos y fomenta que se centre solo en los sabores propios de los precocinados, con exceso de potenciadores del sabor.

Consejos prácticos para alimentarse mejor pese a comer solos. 
Según el Consejo Europeo para la Información Alimentaria (EUFIC), la falta de habilidades o motivación para cocinar que caracteriza a quienes viven solos limita (y mucho) sus opciones de alimentarse bien. Por eso aconseja:
Enseñar a nuestros hijos a disfrutar de buenos alimentos: 

1.- Tener gusto por la buena alimentación, eso aumenta la confianza para que sepamos como preparar una buena comida aunque sea fácil de preparar, por ejemplo una torta de carnes frías con pan integral y lechuga, tomate etc.

2.- Participar con la familia en la cocina para preparar alimentos o tomar clases de alimentos para niños para que esta se convierta en una actividad con la que se disfruta.
3.- Intercambiar recetas con compañeros de la escuela o amigos, también funciona invitar a los amigos a casa para poner a prueba las habilidades adquiridas o hacer solos las recetas aprendidas.

Sin embargo, “Comer solo no es nuestra primera opción pero, si es el caso, hay muchas formas para hacer la experiencia del comer a solas más agradable. 

Por ejemplo, escuchar música o escuchar un libro grabado, ver televisión, llamar a un vecino, un familiar o amigo, tener una iluminación agradable, o comer fuera, al aire libre”. En definitiva, en ambos casos se subraya que disfrutar de la comida es un aspecto fundamental para mejorarla.

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28.9.12

Que es una alergia alimentaria en niños


¿Sospechas que tu hijo es alérgico a algún alimento? La cifra de niños alérgicos no deja de crecer, y se sitúa ya en torno al 7%, pero lo primero es hacer la distinción entre alergia y un alimento que simplemente no “sienta bien”. En el primer caso,  se da una respuesta del sistema inmunológico que sobreactúa frente a una sustancia (el alimento) que en realidad no es dañina, y es un médico quien debe diagnósticarla.

Así, ante una sospecha de alergia alimentaria, aunque curse con síntomas leves, debes  llevar al niño al médico, porque sólo él podrá indicarte como actuar y si la alergia puede evolucionar.
¿Quieres saber más sobre alergias alimentarias?

1. ¿Qué síntomas cursan las alergias alimentarias?
Los síntomas de las alergias son muy variados, y pueden ser desde leves y apenas perceptibles hasta muy graves (pueden incluso causar la muerte).
De la misma manera, la reacción alérgica depende de las zonas en las que penetre el alergeno, por eso las alergias alimentarias causan sobre todo síntomas digestivos: picor de lengua, boca y garganta, vómitos, diarrea, y cólicos.
También son frecuentes otras reacciones que no se relacionan con el aparato digestivo como la urticaria, el asma o la rinitits.
La reacción más grave es la anafilaxia, que exige una intervención inmediata en urgencias,  ya que provoca una constricción grave de las vías respiratorias, acompañada de otros síntomas.

2. ¿Qué alimentos suelen causar alergias?
En España las alergias alimentarias en niños más frecuentes son, por este orden, a la leche de vaca, al huevo y al pescado (son culpables del 90% de las alergias en menores de 2 años).
Otras alergias frecuentes son a los frutos secos, al marisco o a determinadas frutas.

3. ¿Las alergias se pueden curar?
Hay muchas alergias que se curan, pero depende de múltiples factores,como el tipo de alimento, la severidad de la alergia y la edad del alérgico.
Así, es más probable que la alergia desaparezca si los síntomas son leves y si la alergia apareció cuando el niño tenía menos de un año. De la misma manera es más frecuente que desapareza la alergia a la leche de vaca que a los frutos secos o al pescado.

4. ¿Qué hacer si sospechas que tu hijo tiene alergia a un alimento?
Lo primero, cuando se presenta una alergia, es diagnosticarla.
Para eso, es necesario acudir a un médico especialista, quien realizará la oportuna exploración alergológica, y te indicará cómo prevenir futuras reacciones y si es probable o no que estas sean graves, así como si el problema puede remitir.
Acudir al médico es esencial porque a menudo una alergia alimentaria inicial es el primer paso para otra serie de alergias (este fenómeno se conoce con el nombre de marcha alérgica).

5. ¿Cómo se trata una alergia alimentaria?
Básicamente, evitando el alimento, y cualquier otro manufacturado que lleve trazas de él. Es importante aprender a comprobar cuidadosamente el etiquetado de los alimentos y evitar cualquier producto del que no estemos seguros (por lástima, el etiquetado a veces deja mucho que desear).
En el caso de reacciones hipotéticamente severas, su médico te proporcionará instrucciones precisas respecto a la manera de proceder y qué tratamiento de urgencia habrá que aplicarle al niño mientras le llevan a Urgencias.

Unidad de Alergia Infantil

Distintas formas de alergias en los niños


El eccema infantil es una enfermedad frecuente en pediatría, es de fundamental importancia el control del niño con dermatologo pediatra para la tranquilidad de sus padres, controlar la enfermedad y mejorar su diagnóstico.
Formas de alergia en pediatría
El eccema infantil es una enfermedad frecuente en pediatría, que es de naturaleza alérgica y que consiste en una reacción exudativa de la piel con liquenificación ( marcas cutáneas toscas ) con picazón.

Las lesiones iniciales presentan enrojecimiento, tumefacción, descamación y exudación con microvesículas y costras, pero al pasar del estado agudo al crónico se hacen secas, escamosas y engrosadas, con cambios pigmentarios.

En los niños se distinguen tres tipos de eccemas: la dermatitis atópica, la dermatitis seborreica, y la dermatitis por contacto. Tienen en común una determinación genética que se manifiesta durante los primeros 2 a 3 meses de vida, fundamentalmente con manifestaciones cutáneas pero también como rinitis, y luego en la infancia más tardía, como asma alérgica.

Es característico encontrar durante toda su evolución concentraciones séricas altas de inmunoglobulina E (Ig E). Sobre los factores genéticos predisponentes actúan factores desencadenantes exógenos, ya sea por contacto con la piel, por sustancias ingeridas o inhaladas. En el caso de la dermatitis atópica la piel también es afectada por el calor o el frío extremos, y por factores como el jabón, lana, y alergenos alimentarios.

La dermatitis atópica
Es una forma frecuente de eccema caracterizado por una especial reactividad de la piel ante diversos estímulos físicos. Por ejemplo, un ligero traumatismo, en lugar de producir enrojecimiento de la piel, causa una línea blanca rodeada de área blanquecina.

Las lesiones iniciales son placas eritematosas (rojizas) y descamativas, que se extienden desde las mejillas al resto de la cara y cuello, luego a las extremidades y el abdomen; más tardíamente a las áreas de flexión.

El prurito es muy intenso y característico, determinando que el lactante frote su cara contra las sábanas, traumatizando las lesiones que se hacen primero exudativas y luego costrosas. La infección agregada crea un círculo vicioso que perpetua el proceso.

En el lactante la dermatitis atópica puede confundirse con la sarna, pero a diferencia de ella no afecta las palmas de las manos ni las plantas de los pies, ni comienza por la espalda sino por las mejillas. Es común que comience asociada con la introducción de determinados alimentos en la dieta, fundamentalmente leche de vaca, trigo, soja, pescados y huevos. Entre el 20 a 30 % de los lactantes que padecen eccema alérgico tienen hipersensibilidad alimentaria.

Las complicaciones infecciosas son por bacterias, hongos o virus. El estafilococo y el estreptococos beta hemolíticos son las bacterias más comunes. También infectan el virus del herpes y a veces el molusco contagioso.

La dermatitis atópica comienza a remitir alrededor de los 3-5 años de edad, persistiendo sólo un eccema ligero en los pliegues de los codos y rodillas, en las muñecas, detrás de las orejas, en la cara y cuello. Con los años la piel afectada tiende a secarse y engrosarse. La cara adquiere un matiz blanquecino. Las áreas crónicamente afectadas persisten hiperpigmentadas hasta los 40 a 50 años de edad.

La dermatitis seborreica
No presenta la intensidad del prurito característica de la dermatitis atópica. Con frecuencia puede ser difícil distinguir las lesiones con las de la sarna, dermatitis alérgica de contacto, y otras. La dermatitis seborreica suele comenzar por el cuero cabelludo, en forma de "costra láctea" que afecta también las orejas, las cejas, ambos lados de la nariz y párpados. A diferencia de ella, la sarna respeta el cuero cabelludo.

Sus lesiones son escamas blancas grasientas, a veces amarronadas, diferentes de las de la dermatitis atópica. En el lactante las lesiones duran menos que el eccema atópico y responden más rápido al tratamiento.

La dermatitis irritativa de contacto
Se relaciona con el contacto prolongado o reiterado de sustancias como la saliva, jugo de frutas (sobre todo cítricos) , detergentes, o medicamentos. La saliva es frecuente que por babeo continuo lesione la cara y pliegues cervicales del lactante.

En los niños mayores el lamido continuo de los labios causa una lesión típica. La lesión más común es la dermatitis del pañal por el roce, la maceración y el contacto prolongado con la orina y materias fecales a los que se suman los preparados de uso tópico.

La piel recubierta aparece enrojecida y descamante con vesículas, ampollas, fisuras y erosiones muy dolorosas. Respeta los pliegues genito crurales. Secundariamente se infectan por bacterias y hongos. Las dermatitis de contacto irritativas mejoran una vez eliminada la causa, con el cambio frecuente de los pañales y el lavado meticuloso de los genitales. Los pañales desechables mejoraron notablemente la enfermedad mediante material absorbente que mantiene la región relativamente seca. Puede ayudarse a la cicatrización mediante cremas como vaselina o pasta de óxido de zinc, aplicadas luego del lavado.

Cuando estas medidas no son suficientes puede aplicarse pomadas con hidrocortisona al 0,5 o 1% luego de cada cambio de pañal. Si existe sobreinfección (sobre todo con cándida albicans, con pústulas y pápulas) es necesario usar pomadas con antimicóticos.

El tratamiento preventivo
Deben controlarse los factores ambientales que precipitan el ciclo prurito-rascado-prurito, evitando los alimentos y agentes de contacto que desencadenan el prurito. Deben evitarse también los grados extremos de temperatura y humedad, y la transpiración.

  • La exposición al sol y al agua salada resulta beneficiosa.
  • Se aconseja usar ropa de algodón, no de lana.
  • Debe evitarse que el lactante gatee sobre alfombras.
  • El baño debe de ser breve y sin jabones y detergentes que desengrasen la piel.
Se recomienda agregar aceite en la bañera para que luego que el niño permanezca en ella unos minutos consiga mantener la humedad en su piel.
Luego del baño se aconseja usar cremas y lociones sobre la piel húmeda.
Es útil remojar las lesiones con agua tibia, durante 30 minutos 2 o 3 veces por día, agregando luego pomadas humectantes.
Si se comprueba que un alimento aumenta el prurito debe retirarse de la dieta.

La lactancia natural mantenida reduce la sensibilización a alergenos alimentarios sólidos, que de este modo que no se inician hasta pasar los seis meses de edad. Debe recordarse la importancia de prevenir con adecuada higiene y ventilación el papel que juega el polvo doméstico, rico en alergenos de ácaros y hongos.

El tratamiento sintomático y de complicaciones En las exacerbaciones agudas de la enfermedad los apósitos húmedos tienen un efecto antipruriginoso y antiinflamatorio.

Las cremas con corticoides suelen ser muy beneficiosas, pudiéndose comprobar que disminuye el prurito. Las uñas deben mantenerse cortas y limpias para disminuir las lesiones de rascado. A veces es necesario sujetar los codos para mantener las manos alejadas de la cara durante la noche. Otros medicamentos que ayudan a controlar el rascado son la difenilhidramina (benadryl), la hidroxicina (atarax) o la prometazina (fenergan).

En algunos la aspirina tiene un notable efecto antipruriginoso. Cuando existe infección agregada deben administrarse antibióticos por vía general, como la eritromocina o cefalexina . Los antibióticos locales además de tener escaso valor terapéutico pueden producir sensibilización alérgica. Sin embargo puede elegirse la mupirocina (mupax), antibiótico que es menos alergénico.

En la fase aguda es necesaria la aplicación tópica de cremas o pomadas con corticoides, comenzando por el uso del corticoide menos potente asociados a cremas humectantes en pequeñas dosis en cortos intervalos.

Los esteroides más potentes no deben aplicarse en la cara, en genitales, ni en grandes áreas, durante períodos prolongados. Es de elección la hidrocortisona al 0.5 o 1%. En lo posible la administración sistémica de corticoides debe limitarse a los enfermos más gravemente afectados y sólo por períodos breves.

Luego, en la medida que se disminuyen los corticoides por vía oral, para evitar las recidivas se debe aumentar el tratamiento con corticoides locales.

Es de importancia fundamental el control del niño con dermatólogo pediatra. Ello evita la angustia de los padres en la medida que participan de las medidas preventivas y curativas que permite controlar la enfermedad y mejorar su pronóstico, que no incluye una curación inmediata ni radical.

Material cedido por UCM