7.4.11

Los beneficios cerebrales de escribir a mano


El desarrollo de la primera civilización urbana con un sistema de escritura tuvo lugar al sur de Mesopotamia hacia el año 3300 a. C., en la región de Sumeria que hoy se correspondería a Irak y parte de Irán y Siria. La escritura inventada por los sumerios, denominada cuneiforme, toma su nombre de la forma de cuña que adoptaban los rasgos al ser escritos con un cálamo sobre tablillas de arcilla húmeda.


Los documentos más antiguos aluden a las relaciones de cuentas de la administración de los templos. De hecho, descubrimientos arqueológicos señalan que, por ejemplo, la comunidad religiosa de la ciudad de Lagash estaba compuesta por 48 panaderos, siete esclavos, 31 cerveceros y unos cuantos artesanos. El extraordinario invento dio lugar a la aparición de una nueva y respetada clase, los escribas, encargados de redactar leyes y transcribir los textos sagrados.


En la era de la digitalización, la escritura manuscrita ya está perdido adeptos y ha pasado a ser, en muchos casos, casi una excepción, vista por muchos como una rareza. Tiene algún recuerdo de ¿cuándo fue la última vez que escribió una carta de puño y letra? o ¿desde cuándo no felicita a sus parientes con una tarjeta de navidad? Estas cosas, tan simples hace una década, hoy han sido desplazadas por los correos electrónicos, mensajes de texto o chats.


La escritura ha sido definida como la “representación por medio de letras o signos de una idea o concepto”, es decir, es un proceso mecánico que requiere cierta destreza psicomotriz y que habla mucho de quien está escribiendo.


Sin embargo, el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la información y a la comunicación están alejando a las personas de la tradicional escritura a mano que, según últimos estudios estadounidenses, tendría varios beneficios para el cerebro.


Desde niños, escribimos y activamos muchas áreas del cerebro, sobretodo 
zonas que tienen que ver con el aspecto motor, con toda la agilidad que adquirimos con la mano dominante de la que va a depender la escritura a lo largo de la vida y eso va a tener connotaciones sobre ciertas áreas del cerebro sobretodo, las regiones frontales.


Los expertos de la Universidad de Indiana, prestigiosa universidad pública fundada en 1820 y situada en Bloomington, Estados Unidos, invitaron a varios niños a que se subieran a una “nave espacial”, en realidad un escáner de MRI especializado en detectar la actividad neuronal en los cerebros. Una vez dentro, les mostraron diferentes letras antes y después de darles diversas instrucciones de aprendizaje de letras. En los niños que tenían experiencia escribiendo a mano, la actividad neuronal era mucho más destacada que en aquellos que simplemente habían mirado las letras, por lo que concluyeron que al escribir a mano se activan más regiones del cerebro y se favorece el aprendizaje de formas, símbolos y lenguas.


En niños escribir a mano ayuda a mejorar sus habilidades motrices, a aprender a expresarse y a generar ideas, porque exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere. Es más, los movimientos secuenciales de los dedos, necesarios para escribir a mano, activan regiones del cerebro que involucran al pensamiento, lenguaje, y memoria a corto plazo, o sea, se aumenta la actividad neuronal.




La caligrafía involucra al cerebro en el proceso de aprendizaje. Es decir cuando se utiliza un lápiz para escribir, por ejemplo, metas, el cerebro se involucra en el proceso de crear eso que se desea. La escritura a mano implica una “actividad neuronal mucho más destacada”, lo que significa que cuando alguien escribe obliga al cerebro a enfocarse en lo que desea, a crear imágenes mentales y eso le ayuda a familiarizarlo con lo que desea y de allí, a obtenerlo.


Por ello, no es extraño entender que al escribir con un lápiz sobre un papel se 
utiliza más el cerebro y que, al hacerlo, se piensa más en lo que se está diciendo. Aunque la investigación sugiere que si se dejara de escribir a mano las estructuras cerebrales podrían cambiar, otros piensan que a pesar de que se puedan perder algunas habilidades se pueden ganar otras.


Para los investigadores, el mayor peligro que acarrean las nuevas tecnologías es “el desentrenamiento de la memoria”, ya que hoy la información se lleva más en el bolsillo que en la cabeza, porque ya ni siquiera somos capaces de recordar un número de teléfono y “eso es lo verdaderamente preocupante”.
Es imposible suponer que la tendencia actual se revertirá, pero al menos los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Mal que mal, “el lapicero obliga e incentiva a la lucidez”.


Danonino

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